martes, 7 de agosto de 2012

Downfall: Recreación cinematográfica.

El cine no tardó en buscar una forma de contar la historia en su versión, creando así una película digna de premios; llamada ''Downfall''.

Recomendamos verla, pues está muy bien ambientada.

He aquí la famosa escena de la Euforia de Adolf Hitler, recreada en el cine.

                                                                      (Subtitulada al Inglés)

El legado de Hitler.

A finales de abril de 1945, Berlín, la capital del Tercer Reich, estaba rodeada por el Ejército Rojo y un constante diluvio de bombas caían sobre la ciudad. Adolfo Hitler se había encerrado en el refugio antiaéreo situado debajo del edificio de la Cancillería.

Al finalizar la guerra, los rusos demolieron la Cancillería y otros edificios aledaños, por lo que en la actualidad resulta difícil encontrar el sitio exacto donde se hallaba la entrada al ‘Bunkerfuhrer’. Si los soviéticos no hubieran sido tan vengativos, toda esa área, que era muy hermosa durante los años 30, la podrían haber convertido en una zona turística, donde millones de visitantes hubieran podido ver la magnificencia de esos edificios, con lo que el Kremlin, a través de la Alemania del Este, hubiera recibido millones de dólares por concepto de turismo. Durante los años de la guerra fría, los jardines del Tiergarten fueron completamente abandonados.

A corta distancia se encontraba el famoso ‘Checkpoint Charlie’, en el tristemente recordado Muro de Berlín (el muro de la vergüenza) que separaba Berlín Oriental del Berlín Occidental.


Las últimas acciones de Hitler:
Hay dos testamentos, uno político y uno privado. El primero es una serie de reflexiones sobre la guerra y sobre las razones que lo llevaron a ella; según él fue obligado por las circunstancias. Es como una defensa póstuma. 
El segundo es personal y fue firmado el 29 de abril del 45. Ahí ordena que algo de su dinero vaya para algunas mujeres de su familia, dice que lo de valor que tiene es para el partido, o para el gobierno si no hubiera partido. Dice que sus cuadros vayan para un museo y menciona que se ha casado con Eva Braun, la cual no quiso salir del bunker cuando todavía podía.
Hitler también envió nombramientos y destituciones. 

Nombró como sucesor suyo en el gobierno a Karl Dönitz, y le envió una lista con todo su gabinete, lista que nunca le llegó a Dönitz.

 Ese nombramiento es importante y no era esperado, porque nominalmente era Göring quien debía sucederlo, e incluso cometió el error de enviarle a Hitler un documento perentorio en el que aclaraba que tomaría el mando si no recibía una negación en un plazo determinado; Hitler tomo esto como una traición. Himmler también pensaba en ser nombrado sucesor pero trascendió que estaba iniciando conversaciones de paz con los aliados a través del gobierno sueco.


Hitler encargó también que su cuerpo y el de Eva Braun fueran quemados una vez muertos, y así se hizo. Qué pasó después es algo que nunca ha quedado claro. Fue enterrado en un hueco formado por una bomba cerca del bunker. 

Si alguien sabe o estuvo en posición de saber dónde quedaron los huesos de Hitler fueron los rusos, pero Stalin hizo correr el rumor de que había salido hacia España o sudamerica, tal vez para atacar a Franco.

Testamentos:

Mi Último Deseo y Testamento Político

Como consideré que no debía aceptar la responsabilidad, durante los años de conflicto, de contraer matrimonio, ahora he decidido, antes de concluir mi carrera en la tierra, tomar en matrimonio a la mujer, quien después de muchos años de fiel amistad, entró a la sitiada ciudad por su propia voluntad, con el propósito de compartir su destino conmigo. 

Por su propio deseo, ella ira a la muerte como mi esposa. 

Eso nos compensará, por lo que ambos perdimos por mi trabajo al servicio del pueblo.

Lo que poseo, pertenece en su debido grado al Partido. Si este ya no existe, al Estado; si el Estado también es destruido, no hace falta una última decisión mía. 

Mis pinturas, en las colecciones que he comprado durante el curso de los años, nunca fueron coleccionadas con propósitos privados, sino como una extensión de la galería de mi casa en Linz a.d. Donau. 

Es mi más sincero deseo que este legado sea debidamente ejecutado. 

Designo como mi Albacea, a mi más fiel camarada del Partido, Martin Bormann. 

A él le doy mi máxima autoridad legal, para que tome todo lo que tenga un valor sentimental o que les sea necesario para mantener una vida modesta y simple a mis hermanos y hermanas, sobretodo también para la madre de mi esposa y mis colaboradores que son bien conocidos por él, principalmente, mis secretarias sin igual, Frau Winter, etc. quienes por muchos años me ayudaron en mi trabajo. 

Yo, personalmente, y mi esposa, para escapar a la deshonra de la deposición o capitulación, hemos escogido la muerte. 

Es nuestro deseo que seamos incinerados inmediatamente, en el lugar donde he llevado a cabo la mayor parte de mi trabajo diario, en el curso de doce años al servicio de mi pueblo. 

Dado en Berlín, el 29 de Abril de 1945 a las 4:00 AM. 



Mi Testamento Político [Primera Parte] 


Más de treinta años han pasado desde que en 1914 hice mi modesta contribución como voluntario en la Primera Guerra Mundial a la que fue forzado el Reich.

En esas tres décadas he actuado, únicamente por amor y lealtad a mi pueblo en todos mis pensamientos, actos y vida. Ellos me dieron la fuerza para tomar las decisiones más difíciles que mortal alguno nunca confrontó. En ello he empleado mi vida, mi esfuerzo en el trabajo y mi salud, durante estas tres décadas.

No es cierto que yo, o alguien más en Alemania, quisiera la guerra en 1939. Fue deseada e instigada exclusivamente por esos hombres de estado quienes han sido judíos o han trabajado para intereses judíos. 

He hecho muchas ofertas para el control y limitación de armamentos, las cuales no podrán ser olvidadas por la posteridad, para que la responsabilidad del inicio de la guerra sea echada sobre mí.

Tampoco he deseado nunca, que después de la fatal primera guerra mundial, una segunda contra Inglaterra, o aún sobre Estados Unidos, fuera desatada.

Los siglos pasarán, pero de las ruinas de nuestras ciudades y monumentos, resurgirá el odio contra aquellos finalmente responsables -a quienes todos debemos agradecer todo lo sucedido- el Judaísmo Internacional y sus secuaces.

Tres días antes del inicio de la guerra entre Alemania y Polonia, le propuse al embajador británico en Berlín una solución al problema germano-polaco, similar al del caso del Distrito del Sarre, bajo control internacional. 

La existencia de esa oferta tampoco podrá ser negada. 

Fue rechazada únicamente por los círculos dirigentes de la política británica que querían la guerra, en parte, por debido a las posibilidades de negocios y en parte por la influencia de la propaganda organizada por el judaísmo internacional.

También he dejado bien en claro que, si las naciones de Europa fueron consideradas como meros bonos, que podían ser comprados y vendidos, en dinero e intereses financieros, por esos conspiradores internacionales, entonces esos competidores, los judíos, quienes son los verdaderos criminales en este conflicto asesino, deberán ser responsabilizados.

También quiero que nadie tenga ninguna duda, que esta vez han logrado que no sólo millones de niños arios en Europa mueran de hambre; hombres jóvenes han sufrido la muerte y no solo cientos de miles de mujeres y niños han sido bombardeados e incinerados hasta morir en las ciudades, sin que los verdaderos criminales hayan expiado su culpa, ni siquiera por medios humanos.

Después de seis años de guerra -que a despecho de los obstáculos será recordada algún día como la más gloriosa y valiente demostración del propósito de vida de una nación- no puedo abandonar la ciudad que es la capital de este Reich. 

Como las fuerzas son muy exiguas como para intentar cualquier oposición en contra de los ataques enemigos, y porque nuestra resistencia se ha venido debilitando por los hombres que nos han engañado con su falta de iniciativa, al permanecer en esta ciudad quiero compartir mi destino con los otros millones de hombres que han decidido hacer lo mismo. 

Tampoco quiero caer en manos de un enemigo, que querrá presentar un nuevo espectáculo organizado por los judíos, para el regocijo de las masas histéricas.

Por tanto he decidido permanecer en Berlín y libremente escoger la muerte en el momento que yo crea que la posición del Führer y la propia Chancillería, no pueda ser más defendida.

Muero con el corazón feliz, consciente de los incalculables legados y logros de nuestros soldados en el frente, nuestras mujeres en casa, los logros de nuestros campesinos y obreros en su trabajo, únicos en la historia, de las juventudes que llevan mi nombre.

A ellos, desde el fondo de mi corazón, les expreso mi gratitud, como es evidente es mi deseo que ustedes, debido a eso, bajo ningún concepto abandonen la lucha en esta contienda sino que más bien la continúen, contra los enemigos de nuestra madre patria, sin importar dónde, fieles al credo de Clausewitz. 

Del sacrificio de nuestros soldados y por mi comunión con ellos en la muerte, nunca desaparecerá de la historia de Alemania, la semilla del radiante renacimiento del movimiento Nacional-Socialista y por tanto, de una verdadera comunidad de naciones.

Muchos de los hombres y mujeres valientes han decidido unir sus vidas con la mía. 

Hasta el ultimo momento he rogado y finalmente les he ordenado, no hacerlo y tomar parte en la última batalla de la nación. 

He rogado a los dirigentes del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea, reforzar por todos los medios el espíritu de resistencia de nuestros soldados en el sentido Nacionalsocialista, con especial referencia al hecho, de que también yo mismo, como creador y fundador de ese movimiento, he preferido la muerte a la cobarde abdicación o peor la capitulación.

Deberá, en un futuro, formar parte del código de honor del oficial alemán, como es actualmente de nuestra marina, que rendir un distrito o una ciudad es imposible, y que por sobre todo, nuestros líderes deben marchar al frente como ejemplos refulgentes, cumpliendo con fe en su obligación hasta la muerte.


Mi Testamento Político [Segunda Parte] 

Antes de mi muerte, expulso al ex Mariscal del Reich Herman Goering del partido y lo despojo de todos los derechos que pudiera gozar en virtud del decreto del 29 de junio de 1941; y también en virtud de mi manifiesto en el Reichtag el 29 de Junio de 1939. Designo en su lugar al Gran Almirante Doenitz, como Presidente del Reich y Supremo Comandante de las Fuerzas Armadas. 

Antes de mi muerte, expulso del partido y de todas las oficinas del Estado al ex Reichsfuehrer-SS y Ministro del Interior, Heinrich Himmler. En su lugar designo al Gauleiter Karl Hanke como Reichsfuehrer-SS y Jefe de la Policía Alemana y designo al Gauleiter Paul Giesler como Ministro del Interior del Reich. 

Goering y Himler, totalmente aparte de su deslealtad hacia mi persona, han hecho un daño enorme al país y a toda la nación, al efectuar negociaciones secretas con el enemigo, las que condujeron sin mi consentimiento y contra mis deseos, y al intentar usufructuar ilegalmente poderes del Estado. 

Con el propósito de darle al pueblo alemán un gobierno compuesto por hombres honorables, un gobierno que pueda satisfacer sus deseos de continuar la guerra por todos los medios, designo a los siguientes miembros del nuevo gabinete de líderes de la nación: 


- Presidente del Reich: Dönitz 

- Canciller del Reich: Dr.Goebbels 

- Ministro del Partido: Bormann 

- Ministro del Exterior: Seyß-Inquart 

- Ministro del Interior: Gauleiter Giesler 

- Ministro de Guerra: Dönitz 

- Comandante Supremo del Ejército de Tierra: Schörner 

- Comandante Supremo de la Marina de Guerra: Dönitz 

- Comandante Supremo de la Aviación: Greim 

- Reichsführer-SS y Jefe de la Policía Alemana: Gauleiter Hanke 

- Economa: Funk 

- Agricultura: Backe 

- Justicia: Thierack 

- Cultura: Dr.Scheel 

- Propaganda: Dr.Naumann 

- Finanzas: Schwerin-Crossigk 

- Trabajo: Dr.Hupfauer 

- Armamento: Saur 

- Director de la Organización Nacional del Frente del Trabajo y Miembro Asociado al Gabinete del Reich: Reichsminister Dr. Ley. 


Como una cantidad de esos hombres, como Martin Borman, Dr. Goebbels, etc., conjuntamente con sus esposas, se unieron a mí por propia voluntad y no desean dejar la capital del Reich bajo cualquier circunstancia, pero desean perecer conmigo aquí, debo pedirles que obedezcan mi solicitud, y en este caso cedan sus propios intereses a los intereses de la nación, por sobre todos sus sentimientos. 

Por su trabajo leal como camaradas, ellos estarán muy cerca de mí después de la muerte, así como el deseo de que mi espíritu perdure y que siempre siga con ellos. 

Dejen que sean estrictos, pero nunca injustos, pero sobretodo, no les permitan que el temor guíe sus actos, y que pongan el honor de la nación por sobre todas las cosas del mundo. 

Finalmente, permítanles que sean conscientes del hecho de que nuestra obligación, que es continuar la construcción del Estado Nacionalsocialista, signifique el trabajo de los siglos por venir, que coloca
rá a cada persona individualmente, bajo la obligación de servir siempre al interés común y subordinar sus propios intereses a ese fin.


Demando que todos los alemanes, todos los Nacionalsocialistas, hombres, mujeres y a todos los hombres de las Fuerzas Armadas, sean fieles y obedientes, hasta la muerte, al nuevo gobierno y a su Presidente.

Por sobre todo, encargo a los líderes de la nación y a todos sus subordinados la observación escrupulosa de las leyes de la raza y la oposición inmisericorde a los envenenadores de los pueblos, el judaísmo internacional.

Dado en Berlín, este 29avo día, de Abril de 1945 a las 4:00 AM.

La muerte de Adolf Hitler

La muerte de Adolf Hitler, jefe del Partido Nazi de 1933 a 1945, se produjo el 30 de abril de 1945; Hitler cometió suicidio por disparo y envenenamiento con cianuro. La falta de información pública referente al paradero de sus restos y los informes confusos al respecto animaron los rumores de que Hitler podía haber sobrevivido al fin de la Segunda Guerra Mundial. La duda se suscitó intencionadamente por las autoridades de la Unión Soviética, que ocultaban información relevante sobre el suceso.

El 22 de abril, Hitler tuvo lo que algunos historiadores describen como una crisis nerviosa durante una de sus reuniones para examinar la situación militar, al admitir públicamente que la derrota era inminente y que Alemania perdería la guerra. Hizo salir a algunos de la habitación y quedó con Goebbels y Krebs. Hitler entró en un estado de histeria gritando que sus generales lo habían traicionado y que Alemania había sucumbido ante una sarta de traidores y cobardes; después salió de la habitación quebrado emocionalmente. La enfermera Erna Flegel declaró que Hitler parecía quizás 15 ó 20 años mayor tras esa última reunión con sus generales y temblaba fuertemente su mano del lado derecho.



Expresó su intención de matarse y, más tarde, solicitó al médico Werner Haase que le recomendara un método confiable de suicidio. Haase le sugirió combinar una dosis de cianuro seguida de inmediato con un balazo en la cabeza. Hitler tenía una reserva de cápsulas de cianuro que había obtenido por medio de las SS.

Hitler posteriormente se casó con Eva Braun, para luego refugiarse en una casa. Allí, tuvo su última cena, donde le pasó una cápsula de cianuro a cada una de sus secretarias. Posteriormente, antes que llegasen las autoridades a tomarlo preso, Hitler ya había tomado la cápsula, y se dio un tiro en la sien. Su esposa Eva, no tuvo la misma suerte. La alcanzaron a ver tumbada en el suelo con los ojos abiertos. El cianuro había tomado efecto rápidamente, sin darle tiempo de moverse y jalar el gatillo.
De inmediato los asistentes de Hitler sacaron ambos cuerpos envueltos en una alfombra. Linge y Günshe transportaron el cuerpo de Hitler en la alfombra, mientras que Martin Bormann y Erich Kempka trasladaron el cadáver de Eva Braun, aunque Bormann trató con muy poca consideración dicho cuerpo. Los cadáveres fueron subidos hacia el patio de la Cancillería del Reich, siendo depositados en un agujero de obús; Otto Günsche roció ambos cuerpos con unos 200 litros de gasolina sacada de los automóviles que aún se hallaban en los sótanos de la Cancillería. Ante la imposibilidad de acercar un cerillo a causa del fuerte viento, Bormann elaboró una antorcha que prendió y se la pasó a Erich Kempka, con lo cual éste pudo poner fuego a los cadáveres. Estaban presentes Joseph Goebbels y otros dignatarios.

Adolf Hitler, casi teniendo el mundo y Europa completa, se suicida junto a su esposa luego de perder la Guerra.


miércoles, 25 de julio de 2012

Muerte de Benito Mussolini

La ejecución se realizó el 28 de abril de 1945; según la versión oficial, Mussolini fue fusilado, junto a Clara Petacci, en Giulino di Mezzegra, cerca de Dongo. La discreción y confidencialidad de la ejecución fue decidida por la misma intención de los Aliados de capturar vivo a Mussolini y procesarlo ante un tribunal internacional (con la posibilidad que fuese condenado a una pena menor o absuelto), mientras muchos partisanos exigían por el contrario que se aplicase pena de muerte al Duce tal como había sido decretada por el CLN italiano.

''..colgó luego los cadáveres cabeza abajo''
Los cadáveres fueron trasladados en la tarde del mismo 28 de abril en un camión a Milán, durante el camino no se permitió ver a los cadáveres, y éstos fueron dejados el día 29 en la Plaza Loreto de esa ciudad. Allí sufrieron distintos tipos de daños por la gente en la ciudad. El servicio de policía compuesto por partisanos y bomberos, colgó luego los cadáveres cabeza abajo en una gasolinera de la plaza.Esto se hizo para confirmar públicamente su muerte, y como gesto de humillación y venganza partisana, ya que en ese mismo lugar se habían colgado meses atrás los cadáveres de unos partisanos
 Cadáveres de Mussolini y Clara.

Muerte de Benito Mussolini: Autopsia

Hace unos días nos encontramos con este vídeo chocante: La Autopsia de Benito Mussolini, un poco después de su linchamiento y ahorcamiento.

Puede notarse la felicidad del pueblo contra este líder, en el que se refleja el rencor y odio que sentían por aquél hombre. Esto demuestra la caída de un Dictador, cuando un pueblo comienza a cuestionarse y a arrepentirse de sus actos, en busca de libertad de opinión y vida.

De la idolatría y poder, a ser derrocado.

Dos grandes líderes y aliados, gobernando grandes naciones a base de lo que es poder y convicción. Pero pronto, todo ha de terminar. La gente cambia, al igual que la forma de pensar.


En este blog nos centramos en aquello:
La muerte de dos grandes líderes que casi lograron conquistar el mundo con el simple manejo de las palabras.


Mussolini y Hitler.